En el Libro de Daniel, escrito en los tiempos de la destrucción del primer templo de Jerusalén en el año 70, aparece una primera referencia sobre la llegada del Mesías. Leemos en sus folios: ¨En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo… En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todos los que se encuentren inscritos en el Libro.

Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se levantarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno¨. Es una profecía de salvación, resurrección, proyección y transcendencia, lo que lo hace un importante texto apocalíptico que señala la existencia de una vida después de la vida terrenal. En esos tiempos, probablemente cerca del año 169, también se sugiere una interpretación de la Historia de acuerdo con la cual todos los imperios tienen sus días contados por voluntad de Dios, quien permite que se eleven por un tiempo que él determina y que desaparezcan cuando lo crea necesario. De allí la valoración de esas fuentes para la sociedad actual, no sólo para las creencias de los fieles de Israel.